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bullet Devolviendo la salud a nuestros niños
bullet Vidas Renovadas
bullet Una vida en plenitud
bullet Un futuro lleno de esperanza
bullet Muy agradecida  


Devolviendo la salud a nuestros niños

Andrés de 7 años y su madre llegaron al Hospital Materno Infantil San Lorenzo de Los Mina (8 kilómetros de Santo Domingo) llenos de esperanza de que allí encontrarían una solución al problema de salud que el niño padecía. Acudieron hasta el lugar por ser el único centro asistencial cercano a su comunidad, Sabana Pérdida, y luego del referimiento de la promotora de salud del Proyecto de Desarrollo de Área Palmera, auspiciado por Visión Mundial.

Andrés nació con una condición en sus genitales, llamada criptorquidia, que se resolvería con una cirugía que debía realizarse en un centro asistencial con condiciones y no en una simple Unidad de Atención Primaria como la que tienen en la comunidad donde vive. “Yo estaba muy preocupada por la salud de mi hijo, pero en el hospital lo operaron y fue todo un éxito, gracias a Dios y a Visión Mundial”, explica doña Ivelisse, madre de Andrés.

Ahora Andrés es un niño alegre, sano y feliz. “yo me siento bien, ya estoy sano. En el hospital me pusieron suero y me operaron, así me sanaron y ahora yo juego y disfruto con mis amigos”, cuenta Andrés. “yo no tenía los recursos para pagar esa cirugía y por eso acudí a Visión Mundial para que me apoyaran y orientaran”, aporta doña Ivelisse.

Como este niño, unos 200 diariamente acude al Hospital Materno Infantil San Lorenzo de Los Mina en busca de soluciones a diversos problemas de salud. Esto porque es el único centro de salud que suple más de 6 barrios de la capital, la mayoría de ellos donde trabajan los Proyectos de Desarrollo de Área Pino, Palmera y Caoba.

Cerca de un 60 por ciento de los dominicanos utiliza los servicios públicos de salud, que presentan serias dificultades. En el caso de los hospitales materno infantil, en la zona urbana solo se cuenta con dos de ellos y por ello es muy frecuente incluso encontrar dos mujeres parturientas en una misma cama y niños en filas esperando por ser atendidos.

Como forma de contribuir con esta situación Visión Mundial recibe donaciones de medicamentos, material gastable, entre otros, que entrega a los hospitales de las diferentes zonas en que trabaja. Con esta visión, la institución entregó medicamentos a los hospitales de El Seibo, en el este del país; Barahona, Tamayo, Villa Altagracia, en el sur y Padre Billini, Luis Eduardo Aybar, Santo Socorro, Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia y San Lorenzo de Los Mina, en la zona urbana.

Así, como Andrés, muchos niños han vuelto a sonreír porque tienen su salud de vuelta y pueden jugar, correr, estudiar y llevar una vida con normalidad.


Vidas Renovadas

Las vidas de Enmanuel (172805-2737) de seis años, Andreina (172805-2550) de 8 y Winifer (172805-0710) de 10, tres niños patrocinados de la comunidad V Centenario en Villa Altagracia (45 kilómetros al norte de Santo Domingo) eran como las de cualquier otros niños. Aunque pertenecientes a una comunidad empobrecida, sus padres podían cubrir sus necesidades básicas con ayuda de su trabajo y el apoyo de Visión Mundial.

El año 2005 cambió la vida de estos pequeños, ellos vieron morir a sus padres a causa del SIDA y el panorama se tornó poco esperanzador, “los niños quedaron desprotegidos, decidí venir a vivir con ellos desde antes del fallecimiento de sus padres y cuando esto ocurrió no sabía que hacer”, cuenta doña Ramona, abuela paterna de los niños.

Ellos tres y el pequeño Bernabé de a penas 2 años, quedaron bajo la tutela de la abuela, que no trabajaba, ni tenía como mantenerlos. Sin sus padres su realidad era dura, las necesidades en esta familia cada día se acrecentaban, sin que doña Ramona encontrara una salida viable, “Visión Mundial siempre apoyó esta familia, desde la enfermedad de los padres con medicamentos, pero al ellos morir las carencias de los niños eran mayores sin nadie que trabajara para mantenerlos”, explica.

Esto sin contar con el deterioro de la salud de Bernabé que padecía una pulmonía que amenazaba su vida y la de Andreina, que había resultado VIH positiva. La vivienda que ocupaban se deterioraba y los pocos centavos que aparecían no eran suficientes para cubrir sus necesidades escolares.

Bajo este panorama los pequeños pasaron a ser niños vulnerables ante Visión Mundial República Dominicana y entraron al programa especial Hope Child, “Visión Mundial no nos ha desamparado, no tengo con que pagarles lo que han hecho por mis nietos”, explica doña Ramona.

Así la vida de estos niños empezó a experimentar cambios significativos, volviendo poco a poco la alegría a sus rostros y a sus actividades diarias. La enfermedad ya no es una constante en sus vidas, lucen niños sanos, despiertos y en salud, “Ya tenemos quien se preocupe por nosotros, cuando uno de mis hermanitos o yo se enferma nos llevan a la Casa de la Salud y nos dan las medicinas. También nos dan cariño, le agradecemos a Visión Mundial lo que hace por nosotros”, cuenta Gabriela.

En las mañanas los tres van a la escuela. Y es que antes del soporte de Visión Mundial su asistencia no era regular, ahora les apoyan con sus útiles escolares y reciben orientación y seguimiento de las facilitadoras del Programa de Desarrollo de Área Villa Sur, “a mi me gusta la escuela, allá yo tengo mis amiguitas y voy a estudiar. Yo quiero ir a la universidad, siempre veo esas mujeres que trabajan en oficina y me gustaría ser secretaria”, explica Gabriela; “yo no quiero quedarme bruta, cuando yo este grande voy a terminar mi carrera y voy a ser doctora, yo siempre juego a ser doctora y así puedo sanar a la gente”, cuenta Andreina; “Oneida y Cristina siempre vienen a visitarnos y hablan con nosotros, nos traen útiles y cosas para la escuela”, expone Enmanuel.


En las tardes un amplio patio con piso de tierra y cobijado con árboles frutales verdes y frondosos le sirve para hacer realidad sus sueños a través del juego y la diversión. La pelota y su camión son los juegos favoritos de Enamanuel que comparte con Steven, su mejor amigo, “yo juego aquí todos los días, y mis hermanitas juegan con sus muñecas en el otro lado del patio”, explica con claridad. En medio de este patio está la casita que habitan, de no mas de 25 metros cuadrados, construida de madera y techada de Zinc, allí viven dignamente “Visión Mundial me ayudó a arreglar el rancho, me le echaron piso y ahora estamos mejor”, cuenta doña Ramona; “antes en mi casa entraba mucho el agua cuando llovía, ahora eso no pasa, podemos dormir tranquilos”, expresa Gabriela con satisfacción.

Unas vidas iluminadas, seguras y con plena convicción de que el todopoderoso les acompaña pese a las adversidades, “yo no quería que mis padres se murieran, pero Dios los mando a buscar, ellos andan conmigo y si me pasa algo me cuidan”, así habla Andreina que como sus hermanitos no esconde su dolor y que está segura de que Dios oye las peticiones de su abuela para que sean hombres y mujeres de bien , “Mientras yo este viva siempre les daré todo el calor y cariño que sus padres les daban”, comenta doña Ramona mientras acaricia a Bernabé que carga en sus brazos.


Una vida en plenitud

Para Bryan Eduardo Saba la vida no ha sido fácil, pero los muchos golpes no empañan la candidez de su infancia, “yo pertenezco a una familia pobre, con muchas necesidades pero soy feliz, porque tengo a mis hermanos, a mi abuela, a mis amigos y gente que se preocupa por mi”.

Así habla un niño que ha vivido once años marcados por la tragedia. Hace dos vio morir a su padre a causa del SIDA y hoy su madre enfrenta las manifestaciones de la misma enfermedad. Ella le abandonó desde que era un bebé y su contacto con él en la actualidad es escaso.

Su abuela Angela ha cuidado de él desde sus 8 meses de nacido,asumió la maternidad de Bryan (2061) y sus 4 hermanos trabajando duro en casas de familia y sólo le pide a Dios, a sus 53 años, que le de fortaleza para continuar echándolos adelante yverles crecer como hombres y mujeres de bien.



Chinito, como cariñosamente llaman a Bryan, es un niño dulce, vivaracho, obediente y estudioso, así lo describen sus vecinos del callejón San Miguel, una estrecha calleja de cerca de tres pies de ancho y con pequeñas casuchas mal construidas a ambos lados, reflejo de la pobreza de la comunidad El manguito de Sabana Perdida, ubicada a 10 kilómetros de Santo Domingo.

Hasta los 9 años, cuando entro al patrocinio, su gran sueño era ir a la escuela y sus ojitos se llenan de lágrimas cuando recuerda, “ yo veía como los niños corrían contentos cuando salían de la escuela y me entristecía pensar que era bruto, que nunca iba a tener la oportunidad de educarme como ellos, porque la escuela quedaba lejos y mi abuela no tenía dinero para pagármela”.

Y justo en medio de este drama World Vision inicia el proceso de cambio en la vida de Bryan y su familia, “Un día le conté a Fior (promotora del PDA Pino) que quería ir a la escuela y me puse feliz cuando me dijo que iba a poder ir, que entraría a la escuela que apoya Visión Mundial en mi comunidad”, cuenta Bryan.

Hasta la llegada de World Vision, la escuela más cercana a la comunidad El Manguito quedaba a dos kilómetros, lo que imposibilitaba que él y muchos otros niños se trasladaran hasta allá, invirtiendo recursos económicos que sus familiares no tenían. Con el apoyo de la organización esta comunidad ahora tiene un centro de estudios que garantiza la docencia de cerca de 1500 niños.

La dulce voz de doña Angela en las mañanas marca el inicio de un día en que Bryan, entiende, debe trabajar para hacer su sueño realidad, “Mi abuela me dice levántate Chinito y rápido me paro de la cama me cambio, desayuno y me voy a la escuela. A mi me gusta la escuela porque ahí uno aprende y llega a ser lo que quiere, yo siempre hago mis tareas y cumplo con lo que me dice la profesora por eso mis notas son altas y lo hago porque cuando sea grande quiero ser médico”.

Un médico para ayudar a curar a los enfermos de su comunidad azotada constantemente por el parasitismo, el asma, el paludismo, entre otras enfermedades fruto de la contaminación. “Cuando Bryan se enferma lo llevamos a la casa de la salud que apoya World Vision. Allí le hacen sus análisis, le dan medicamentos y mucha gente del barrio va diariamente a ese centro”, explica doña Angela.

La Casa de la Salud da servicios a las 860 familias que viven en El manguito, una comunidad con altos índices de contaminación por la presencia de varias cañadas donde se forman criaderos de mosquitos y se estancan aguas negras, “World Vision nos arregló una cañada que pasa por ahí abajo, antes cuando llovía la casa se llenaba de agua y los mosquitos no se aguantaban, los muchachos se enfermaban mucho les daba gripe y diarrea. Después del arreglo de esta cañada las cosas son diferentes”, agrega doña Angela.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Bryan cuando habla de los cambios que ha sufrido su familia desde el 2001, cuando inician su relación con World Vision, “la gente de World Vision se preocupa por mi, ellos ayudan a mi abuela, me costean mis estudios y me ayudan con lo que necesito, ese es uno de los motivos que tengo para ser feliz. Me gusta cuando mi patrocinadora me escribe, ella me cuenta que donde vive hace frío quisiera que me enviara su foto”.

Esa misma alegría le ilumina cuando cuenta como son sus días, “yo tengo muchos amigos, creo que son más de 30 y con ellos juego canicas y béisbol, en las tardes después de hacer mis tareas. Otro que siempre me persigue es Rambo el perro de mi hermano, también juego con él”.

Así este niño teje día a día sus sueños, sueños que las circunstancias han hecho cambiar, “antes yo soñaba con ir a la escuela, ahora con ser un médico que atiende una paciente hasta recuperarse”, y en medio de su entusiasmo el rostro de esa paciente va tomando forma hasta convertirse en su mamá.


Un futuro lleno de esperanza

Yesebel Díaz, de 10 años, ama y cuida la loma donde vive, y según nos cuenta, nunca quisiera salir de allí. “Me siento feliz de vivir aquí, no me imagino viviendo en otro lugar”’. Y es que, rodeada de cafetales y de gallinas, y arrullada por el rítmico sonido de las chicharras, sus días son divertidos y esperanzadores.

Patrocinada desde el año 1999, ahora esta alegre niña tiene nuevas perspectivas para su futuro. A los 11 meses de nacida su vida estaba llena de precariedades, sus padres no pudieron hacerse cargo de ella, y pasó a formar parte del humilde hogar que sus abuelos Héctor (49), y Magina (46), y de sus tíos Kelvin y Mariel, quienes eran patrocinados.



“La llegada de Yesebel al hogar nos dio felicidad, pero también nos preocupó porque la situación económica nuestra no era buena”, cuenta su abuelo. En ese tiempo, los residentes en la comunidad La Plenita, ubicada a 245 kilómetros al suroeste de Santo Domingo, sufrían muchas precariedades. La zona carecía de acueducto, escuelas cercanas, servicios de salud y electricidad.

Sin embargo, en la actualidad, el nivel de vida de la gente ha mejorado significativamente. La intervención que ha hecho el Proyecto de Desarrollo de Área Apolinar Perdomo (167216), auspiciado por World Vision, en las áreas de salud, agricultura y educación hizo la diferencia.

Antes, había que caminar cuatro kilómetros hasta el río Cedro o al San Sapito para conseguir agua; ahora, con ayuda del Proyecto, el agua llega hasta las viviendas, lo que contribuye a mejorar la calidad de vida de los habitantes. “Los niños se morían y la gente creía que eran brujerías, ahora sabemos gracias a las charlas de salud World Vision y después que tenemos agua, que eran por enfermedades del intestino y parásitos. Cuando un muchacho se enfermaba, la gente lo dejaba morir, ahora salimos para el centro de salud”, dice Magina.

La casa de Yesebel, construida en madera y techada con planchas de zinc, no mide más de 28 metros cuadrados. Consta de una salita-comedor, un dormitorio y un área donde funciona un ventorrillo de abarrotes que atiende Magina. La cocina y la letrina están fuera de la casa y a pesar de la sencillez, en el ambiente se respira paz y cariño.

Todavía la zona carece de servicio eléctrico, pero la familia de Yesebel, al igual que otras 60 familia de niños patrocinados, fue beneficiada con un proyecto de paneles solares con fondos rotatorios. “Ahora puedo leer en las noches y me enfermo menos porque el humo de la lámpara me hacía mucho daño, también aprovecho la luz de los bombillos para jugar”, dice Yesebel.

Lo mismo ha pasado con la calidad de la educación. La escuela básica que siempre funcionaba con mucha precariedad, es apoyada por World Vision tanto en la remodelación de su infraestructura como en la capacitación a los maestros. Yesebel es una de las alumnas de esta escuela, cursa el 5to. grado de Básica y su materia favorita son las matemáticas.

Además, es una experta hablando del cuidado de la naturaleza y de la protección al medioambiente donde habita. “Aprendí a no tirar basura, a fabricar juguetes y caretas con materiales reciclables, a cuidar los árboles y los pajaritos que nos rodean”, dice la niña con emoción, y cuenta lo feliz que es viviendo en su loma y la falta que le hace volver a su casa cuando por alguna razón debe viajar a la ciudad más cercana o a Santo Domingo.

Yesebel, muy conversadora, nos cuenta que en el futuro quiere ser una doctora pediatra. Por eso se pasa gran parte del tiempo jugando con su muñeca, simulando curarla de alguna enfermedad. Pero ahora, su gran sueño es ir algún día a la playa. Su familia no ha podido llevarle por la distancia y por el trabajo de campo que realizan. “Me imagino que debe ser muy divertido estar en la arena y bañarme en la playa”, dice Yesebel, y su abuela con una sonrisa le promete llevarle si sigue siendo tan buena estudiante como es.

Mientras compartimos con sus abuelos, Yesebel no para de jugar. Al poco rato, sus mejores amigas, Alba Iris, Rosmery y Holanda saltaban con ella de un lado a otro, riendo y lanzando una pelota. De repente, se detiene para contarnos acerca de los animales que posee. “Tengo una gatita que le llamo Sisi, mi perro se llama Kalimán y el cerdo llamado Choncho. Me gusta mucho jugar con mi gata y con mi muñeca Jessica, que es mi favorita”.

A pocos metros de la casa están los cafetales y una que otra mata de guineo, chinola, aguacate y guanábana. En el patio, la familia cuida un pequeño vivero y produce abono orgánico para la venta. “De esto vivimos. Gracias a World Vision porque me capacitaron agricultura y producción de abono en el momento que más la necesitaba, cuando lo que ganaba de la pequeña cosecha de café que tenía, no me alcanzaba para alimentar a mis hijos”, explica Héctor.

El abuelo de Yesebel recuerda cómo aprendió a producir abono orgánico. “Esa idea no nos gustó al principio, porque no creíamos en ella. Pero ahora me hice un experto y puedo decir que vivo de eso y he comprobado el bien que le hace el abono orgánico a nuestras plantas. Ahora es una fuente de ingresos”, agrega.

Ahora, los residentes de la zona tienen conciencia de la importancia de cuidad el medioambiente y saben el daño que hace tanto a la agricultura como a las personas, el uso de abonos y pesticidas químicos. “Nuestras cosechas ahora son mucho mejores que antes, y eso se lo debemos a World Vision”, dice el abuelo de Yesebel.

Así mismo, el PDA entregó las familias de la zona pollitos para crianza de aves. Esto fue aprovechado muy bien por los abuelos de Yesebel, quienes tienen ahora cinco gallinas ponedoras para su alimentación de su familia.

La loma Apolinar Perdomo se activa en el mes de octubre, cuando los cafetales maduros dan paso a la cosecha. Es cuando Yesebel, quien ayuda todo el año a su abuela en los quehaceres domésticos ligeros como barrer la casa, lavar los platos y arreglar la cama, se une a su abuelo y colabora con él en la recolección del café. “Voy con mis amigas a recoger café y luego lo traemos a la casa y lo ponemos a secar en el secadero. Después mi abuelo lo vende en el pueblo”, cuenta la niña con entusiasmo en sus ojos.

Esta familia es un gran ejemplo de superación, al saber aprovechar al máximo los conocimientos adquiridos de los técnicos del PDA Apolinar Perdomo, que funciona como una escuela de agricultura. Además, Kelvin, de 22 años, el tío de Yesebel que era patrocinado cuando ella apenas gateaba, pronto se graduará en la universidad de ingeniero agrónomo y pretende trabajar en el proyecto y beneficiar a su comunidad. Por su parte, Mariel, de 18 años, aún está patrocinada y es estudiante de Bioanálisis en una universidad.

Esta familia no para de agradecer a Dios la dicha de que en su comunidad establecieran un proyecto auspiciado por World Vision. Las instalaciones del proyecto han sido escuela de aprendizaje y refugio para sus hijos y su nieta. Ellos han sido apoyados también con útiles escolares, cursos de trabajos manuales y formación espiritual. “Asistimos a la iglesia católica local y Yesebel está muy entusiasmada con sus clases del catecismo. El Señor ha sido muy bueno con nosotros y sé que vamos a salir adelante y vamos a echar hacia delante nuestros hijos y a esta nieta que estamos criando, con la ayuda divina y la ayuda de World Vision en nuestra comunidad”, nos cuenta Magina mientras cuela un rico y oloroso café cosechado en la loma donde reside.


Muy agradecida

Ursula Tavárez, de12 años, se llena de emoción al hablar de los beneficios que recibe de la Biblioteca Comunitaria de Guarícanos, a pesar de que hoy funciona bajo precarias condiciones de espacio y comodidad. “En esta biblioteca encuentro todo lo que necesito para las tareas que me ponen en la escuela. Si no fuera por eso, de seguro que me iría muy mal con mis clases pues no tengo las posibilidades de tener mis propios libros en la casa”.

Igual que Ursula, unos 600 estudiantes visitan diariamente la biblioteca, la única que existe en toda la comunidad. A pesar de la incomodidad de espacio, los usuarios están esperanzados ya que en la actualidad, Visión Mundial construye un nuevo edificio, que contará con nuevas facilidades. “Si no fuera por esta biblioteca y los buenos libros que contiene, tendríamos que ir muy lejos a conseguir informaciones. Yo vengo unas tres veces a la semana y siempre encuentro lo que necesito”.

Y es que en el sector de Guarícanos, la condición económica y social de la gente es muy precaria. La falta de escuelas, la insalubridad y el desempleo afectan a los habitantes de la zona, que carecen de posibilidades para comprar libros de textos, de enviar a sus hijos a colegios privados o a la biblioteca más cercana ubicada a unos 20 kilómetros. “La biblioteca es una bendición para la comunidad, ya que hasta los universitarios los usan y los padres y madres se sienten tranquilos de que sus hijos no se tienen que trasladar lejos para estudiar”, expresa Fárida Frómeta, miembro del staff de Visión Mundial en la zona.

Ursula, quien cursa el séptimo grado en la escuela Rayo de Luz, vive en el sector de La Mina con sus padres Mártires, empleado del ayuntamiento municipal, su madre Dilcia, ama de casa, y sus hermanos Sorivel (15) y Miguel Ángel (10). Le encanta estudiar y sus materias favoritas son las matemáticas y la historia. “Mi casa no es muy grande, pero en el barrio hay muchos problemas, los niños se enferman de la piel y de diarreas, y hay mucha basura”, expresa Ursula.

Ursula es muy conversadora y alegre. Le encanta leer y jugar con sus amigos, especialmente con Yaraví, su mejor amiga. “Siempre venimos a la biblioteca juntas, ya que nos queda como a media hora caminando, y los sábados vamos al catecismo y el domingo a la misa”.

El área de la biblioteca se mantiene llena de niños, niñas, adolescentes y jóvenes en las mañanas y las tardes. Allí, con gran espíritu de colaboración y apoyo siempre está Hairo Reynoso, un joven voluntario del barrio, que gracias al apoyo y la facilidad de la biblioteca pudo recientemente terminar sus estudios de ingeniería en sistemas. “Para nosotros esto es una bendición, es una donación muy significativa, sobre todo para un barrio como éste, sin recursos de ninguna clase, Visión Mundial ha hecho la diferencia”, indica Hairo.

Los problemas de atraso escolar que afectaban a la comunidad se han superada de forma significativa, gracias a los servicios y las facilidades de la biblioteca. Incluso, estudiantes de barrios cercanos utilizan los servicios de la misma. En este sentido, Ursula se siente orgullosa por el gran tesoro que le han donado. “Le agradecemos mucho a las personas que están ayudando a construir este nuevo edificio, porque han hecho felices a muchos niños pobres de República Dominicana que no tienen dinero para comprar libros”, puntualiza Ursula con mucha emoción.




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